¡PRESA VETE YA!

La suspensión de partidos por el césped, el “exilio” a Butarque y las condiciones indignas de trabajo han sido la gota que ha colmado el vaso y han unificado a casi todo el rayismo contra la gestión de Raúl Martín Presa. Un conflicto que viene de lejos Mucho antes de los últimos episodios, jugadores, personal del fútbol base y la propia AFE ya denunciaban una “mala gestión” reiterada de Martín Presa, hablando de impagos, retrasos en nóminas y un ERTE aplicado “pese a tener recursos suficientes”. Plataformas de aficionados como la ADRV pedían ya en 2021 que el presidente fuese inhabilitado por una forma de actuar que consideraban una “falta de respeto” a afición, plantilla y competición. Este patrón de problemas se ha ido repitiendo temporada tras temporada: quejas de futbolistas, técnicos de cantera y jugadoras por condiciones laborales y materiales impropias de un club profesional, hasta el punto de que la situación se describía como “muy triste” y “convulsa” a las puertas del centenario. Todo esto ha generado un clima de desconfianza estructural: muchos rayistas sienten que, ocurra lo que ocurra deportivamente, la estructura del club siempre vuelve al caos. La chispa reciente: césped, suspensiones y exilio a Butarque El caso del Rayo–Oviedo fue un detonante decisivo: el partido se suspendió por el mal estado del césped de Vallecas, con hongos y condiciones incompatibles con el fútbol profesional, lo que se calificó en prensa como un “desastre vergonzoso”. Los propios jugadores y cuerpo técnico publicaron un comunicado muy duro hablando de días sin agua caliente en las duchas, limpieza deficiente y unas instalaciones “obsoletas”, algo inasumible para una plantilla de Primera. Pocos días después, LaLiga decidió trasladar el Rayo–Atlético al estadio de Butarque (Leganés) por el mal estado del campo, lo que en Vallecas se vivió como un “exilio” forzado y una humillación a la hinchada. Las peñas respondieron con la campaña “Dejemos vacío Butarque”, llamando al boicot del partido y denunciando el abandono del club, con lemas como “Más que un traslado, una traición”. El hartazgo de la afición La reacción de la grada ha sido masiva y organizada: cientos de aficionados, convocados por la Plataforma ADRV, se manifestaron por las calles de Vallecas bajo el lema “Presa inhabilitación”, acusando al presidente de “estar destrozando” una entidad centenaria. En la convocatoria se apelaba a que “el partido más importante del Rayo no se juega en Butarque”, ligando la protesta directamente a la supervivencia del club y a la necesidad de que la voz del rayismo sea escuchada. En el propio estadio, la protesta se ha escenificado con pancartas, cánticos de “Presa, vete ya” y carteles de “SOS”, en partidos como el Rayo–Athletic, donde los 14.000 hinchas presentes se unieron en una pitada masiva al presidente al bajar al césped. Incluso la afición del Athletic se sumó a la protesta, y los Bukaneros desplegaron una pancarta con el mensaje “mientras tenga a su gente, el Rayo seguirá vivo”, subrayando que el club son sus personas y no los despachos. Cómo se siente la plantilla profesional El comunicado de los futbolistas y el cuerpo técnico antes del Rayo–Oviedo fue muy explícito: denunciaron falta de agua caliente algunos días, limpieza insuficiente y unas instalaciones antiguas que no se corresponden con el nivel de exigencia en LaLiga. Que una plantilla de Primera tenga que señalar públicamente cosas tan básicas se percibe, desde dentro, como una falta de respeto y de cuidado por parte del club hacia sus propios profesionales. A esto se suma un contexto histórico de retrasos en pagos, uso de ERTE sin haber querido negociar, y ausencia de una interlocución clara y estable con la dirección deportiva y la presidencia, según recogía la AFE y los propios jugadores hace ya varias temporadas. Desde dentro se repite la idea de que hay talento y trabajo suficientes para competir deportivamente, pero que el entorno institucional es caótico y obliga a la plantilla a convivir con problemas que no deberían existir en un club de élite. El resto de trabajadores: femenino, cantera y empleados El malestar no se limita al primer equipo masculino. Las jugadoras del Rayo ya denunciaron contratos en el mínimo del convenio, pagos de varias nóminas tarde y condiciones indignas como recibir un simple pícnic tras partidos, algo impropio de la Primera Iberdrola. También han señalado incumplimientos del convenio colectivo y la falta de una estructura médica y profesional adecuada, lo que refuerza la sensación de que el club no toma en serio su sección femenina. Los técnicos de la cantera han advertido igualmente de sus “condiciones laborales” precarias y de la escasez de medios y material de trabajo, hasta amenazar con detener su actividad si no se solucionaba la situación. En sus comunicados recordaban que seguían pendientes retribuciones por el trabajo ya realizado y que ni siquiera se habían concretado sus condiciones laborales y económicas, algo inconcebible en una estructura profesional. Ejes de la mala gestión percibida Varios elementos se repiten en las críticas de afición, plantilla y trabajadores. Infraestructura abandonada: el estadio sufre problemas básicos como agua fría en vestuarios, hongos en el césped, falta de wifi y un aspecto impropio de un club de Primera y de Conference League. Pese a que el club ha tenido acceso a recursos como los fondos CVC, no ha podido disponer plenamente de ellos por no cumplir los requisitos del Plan Impulso, lo que acentúa la sensación de oportunidad perdida. Desconexión con Vallecas: Martín Presa ha defendido públicamente la idea de un nuevo estadio “lejos del centro de Vallecas”, afirmando que “el Rayo tiene que salir de este campo, como se quede aquí, muere”, algo frontalmente rechazado por la afición, que ve el barrio y el campo como parte esencial de la identidad del club. Imagen pública y valores: episodios como la contratación y mantenimiento de figuras controvertidas en el entorno técnico, además de las denuncias recurrentes del femenino, han reforzado la percepción de que la directiva se mueve en una escala de valores ajena a la tradición social y progresista del rayismo. Falta de planificación y transparencia: incluso foros de aficionados remarcan que “no existe planificación deportiva” y que la dirección deportiva parece un “cargo decorativo”, con fichajes improvisados y una sensación continua de improvisación. Al mismo tiempo, la comunicación institucional suele ser mínima o llega tarde, como en el caso de la suspensión del partido ante el Oviedo, lo que alimenta la frustración de todos los estamentos. Por qué el malestar es tan profundo ahora Lo que hace especialmente intenso el clima actual es que el éxito deportivo reciente –un Rayo asentado en Primera y con presencia europea– contrasta brutalmente con unas estructuras de club que siguen funcionando como si fuesen semiamateur. Para muchos rayistas y profesionales, esta contradicción revela que, incluso cuando el equipo crece en el campo, la presidencia no aprovecha la oportunidad para dignificar instalaciones, condiciones y relación con su gente. Además, el “exilio” a Butarque y la posible salida de Vallecas simbolizan para la afición algo más que un tema logístico: es la sensación de que se está negociando, a sus espaldas, con la esencia de lo que el Rayo significa para el barrio. Cuando se suman años de impagos, comunicados de futbolistas, protestas de la cantera y del femenino, y ahora manifestaciones masivas pidiendo inhabilitación, lo que se percibe no es un problema puntual, sino un modelo de gestión que muchos consideran incompatible con el Rayo Vallecano que quieren.