La Voz de la Franja

Vallecas en la encrucijada

Vallecas en la encrucijada

Nuestro templo se encuentra en el ojo del huracán y el futuro de nuestra casa pende de un hilo. En un movimiento sin precedentes, la Comunidad de Madrid ha revocado la concesión al Rayo Vallecano, obligando al club a abandonar el estadio para acometer obras de urgencia . Todo esto se enmarca en un ambicioso plan de reforma integral valorado en 60 millones de euros, un proyecto que la directiva de Raúl Martín Presa rechaza tajantemente mientras amenaza, una vez más, con sacar al equipo de nuestro barrio. El desahucio y las obras de urgencia La relación entre la administración y el club ha llegado a un punto de no retorno tras años de abandono. La deficiente Inspección Técnica de Edificios (ITE) de 2023 y el vergonzoso episodio del terreno de juego que obligó a suspender el partido contra el Real Oviedo en febrero han sido la gota que colmó el vaso. Ante lo que el consejero de Cultura, Turismo y Deporte, Mariano de Paco, ha calificado como una actitud de "dejación" e "intolerable" por parte de la directiva franjirroja, la Comunidad ha tomado el control total de las instalaciones. Se destinarán de manera inmediata 2 millones de euros para la primera fase de emergencia, enfocada en consolidar estructuras, reparar grietas, cambiar cubiertas y sanear la cerrajería oxidada. ¿Las consecuencias deportivas? El Rayo no podrá empezar la temporada en su casa y, para encuentros tempranos, la directiva ya se ve obligada a buscar alternativas de exilio temporal como el estadio de Butarque. Un estadio de 60 millones... que el club no quiere El plan a largo plazo de la Comunidad de Madrid promete transformar la fisonomía del recinto. Con una inversión de 60 millones de euros y 24 meses de obras, el proyecto redactado por los arquitectos Julián Zapata y Pablo Moreno busca ampliar el aforo de las 14.500 plazas actuales a 18.500 espectadores . Para lograrlo sin alterar la huella del edificio, se plantea una ingeniosa solución: la construcción de gradas voladizas hacia la calle Payaso Fofó y la recuperación del histórico cuarto graderío en la calle Teniente Muñoz Díaz. El exterior luciría una moderna fachada translúcida de "doble piel", mientras que en una parcela anexa en la calle Arroyo del Olivar se levantaría un edificio multifuncional con aparcamiento y palcos VIP. Sin embargo, para Raúl Martín Presa, esta modernización no es suficiente. La directiva exige un estadio con al menos 30.000 localidades para poder competir comercialmente en Primera División, argumentando que los 18.500 asientos se quedan cortos. Además, el club se niega a que las zonas VIP queden relegadas a un edificio periférico, reclamando palcos con vistas directas al césped. La dolorosa realidad corporativa del club es que, en palabras de sus propios gestores, tienen un "Plan A, B y C", y Vallecas no entra en ninguno. La intención de la Sociedad Anónima Deportiva es buscar terrenos públicos para construir un estadio propio cien por cien privado. La resistencia de un barrio contra el fútbol moderno Pero el Rayo Vallecano nunca ha sido solo una empresa; el Rayo es Vallecas y su gente. Para nuestra afición, agrupada en peñas como los Bukaneros o la Plataforma ADRV, el estadio es un patrimonio histórico y emocional de la clase trabajadora. La amenaza de llevarse el equipo fuera del distrito se percibe como el enésimo ataque de la especulación y los males del fútbol moderno. Este conflicto inmobiliario destapa la enorme brecha entre la masa social y la directiva. La afición lleva años denunciando problemas sistémicos que van más allá del estadio: desde ser el único equipo de la élite sin venta de entradas online , hasta el lamentable abandono de la histórica sección de fútbol femenino y las precarias condiciones de la cantera. La batalla acaba de comenzar. Mientras el Gobierno autonómico desliza la posibilidad de entregar la concesión futura del renovado estadio a una tercera empresa, borrando al club de la gestión del inmueble, nosotros, los aficionados, nos aferramos a la grada. El éxito de cualquier plan pasará por un equilibrio que parece imposible: calmar la ambición comercial de una directiva desconectada y mantener viva la identidad de un barrio. Porque el Rayo es y será vallecano .